ESPECIAL: ADIÓS A UN GRAN AÑO EN LA PROMESA || CRÓNICAS y ANÁLISIS de LaPromesa

El final de un año es, por naturaleza, un momento de reflexión. Las luces parpadean, las campanadas resuenan y, en el universo de la ficción televisiva, los corazones laten con la intensidad de los giros argumentales que nos han cautivado. En esta ocasión, la serie que ha acaparado nuestra atención, que ha tejido una red de intrigas palaciegas y pasiones desbordadas, es sin duda La Promesa. Y hoy, queridos fans, amigos y devotos seguidores de esta saga, nos adentramos en el último suspiro del 2025 para desgranar, con la emoción que solo una gran historia puede provocar, los doce momentos que han grabado a fuego este año en la memoria de todos los que seguimos el destino de la familia Luján y sus leales criados.

Desde el vibrante inicio de enero, cuando la nieve aún cubría los extensos jardines de La Promesa y los secretos comenzaban a desvelarse con un sigilo escalofriante, hasta las sofocantes tardes de verano y los tensos otoño que hemos vivido, cada mes ha traído consigo escenas que han elevado la tensión, roto corazones y reafirmado la maestría narrativa de esta producción. No se trata de una simple lista, sino de un viaje emocional a través de las crónicas de un año que ha puesto a prueba a cada uno de nuestros personajes, forjando alianzas inesperadas, desatando odios ancestrales y sembrando las semillas de futuros dramáticos que prometen ser aún más apasionantes.

Comenzamos nuestro recuento, desde el número doce, evocando aquellos instantes que, aunque quizás no hayan sido los más explosivos, sentaron las bases de lo que estaba por venir. Recordamos, por ejemplo, aquella fría mañana de enero donde una mirada cruzada en los pasillos de servicio, cargada de reproche y anhelo, entre Jana y Abel, presagiaba la tormenta que se avecinaba. Una conexión eléctrica, alimentada por pasados turbios y presentes complicados, que nos hizo presagiar que el doctor se convertiría en una figura clave, un catalizador de verdades ocultas y, por qué no decirlo, de celos enfermizos.


Avanzamos hacia febrero, un mes marcado por la resiliencia. La noticia de la enfermedad de la Duquesa de Viñas, y la inesperada fortaleza con la que la Marquesa de Luján asumió las riendas de la situación, nos demostró la compleja dualidad de su personaje. Una mujer capaz de la más cruel indiferencia, pero también poseedora de un instinto de supervivencia y una férrea voluntad que la erigen, para bien o para mal, como el eje sobre el que gira el poder en La Promesa. Este fue el momento en que muchos comenzamos a comprender que detrás de su aparente frialdad, se escondía una lucha constante por mantener el estatus y proteger su legado.

La primavera de marzo nos trajo consigo la fragilidad de las esperanzas. La evolución de la relación entre Pía y Gregorio, marcada por el miedo constante y la opresión, alcanzó un punto álgido con aquella escena de un silencio ensordecedor, donde la desesperación de Pía era palpable. Un recordatorio brutal de las realidades que se ocultan tras la opulencia del palacio, y de la valentía de aquellos que luchan por su libertad en las sombras. Fue un momento de profunda empatía, de sentir el ahogo de Pía y desear con todas nuestras fuerzas que encontrara el camino hacia la salvación.

El mes de abril destapó, de forma inesperada, una verdad que resonó con fuerza. La revelación de la posible paternidad de Curro, un secreto que pendía como una espada de Damocles sobre varias vidas, nos sumió en un torbellino de especulaciones y ansiedad. Las miradas furtivas, los murmullos en los salones, la tensión palpable entre los implicados, nos mantuvieron en vilo, confirmando que en La Promesa, la verdad es un arma de doble filo, capaz de destruir y construir a partes iguales.


Llegamos a mayo, y con él, el resurgir de viejas pasiones y el nacimiento de nuevos conflictos. La compleja relación entre Jimena y Manuel, marcada por la inestabilidad emocional y las expectativas sociales, nos ofreció un momento de pura intensidad dramática. Aquella discusión a gritos en el salón principal, donde las acusaciones volaban como dardos envenenados, expuso las grietas de un matrimonio construido sobre cimientos de hielo. Fue un reflejo de cómo las presiones externas pueden devastar los sentimientos más puros.

El verano de junio trajo consigo la dulzura efímera y la amargura de las despedidas. La partida de Teresa, un personaje que nos había acompañado con su honestidad y su dulzura, dejó un vacío palpable en el palacio y en nuestros corazones. Su adiós, marcado por un abrazo cargado de afecto y melancolía, nos recordó la fugacidad de las relaciones y la importancia de valorar cada momento compartido.

El calor de julio intensificó las pasiones y las rivalidades. La rivalidad latente entre Feliciano y Lope, por el afecto y la atención de Teresa, desembocó en un enfrentamiento físico que sacudió la tranquilidad del servicio. Un momento crudo, que evidenció la fuerza de los instintos humanos y la lucha por la dominación, tanto emocional como social.


El mes de agosto nos regaló un atisbo de esperanza en medio de la oscuridad. El avance en la investigación sobre la verdad de Jana y su familia, con aquella pista crucial que se desveló en una noche estrellada, nos llenó de expectación. Un rayo de luz en la neblina de misterios, que alimentó nuestra fe en que la justicia, tarde o temprano, llegaría.

Con la llegada de septiembre, el aire se cargó de tensión política y personal. El regreso de Rómulo, portador de secretos y con una agenda oculta, alteró el equilibrio de poder en La Promesa. Su presencia, envuelta en un halo de misterio, nos hizo sospechar que sus intenciones iban mucho más allá de lo aparente, y que su influencia podría reescribir el futuro de muchos.

Octubre nos sumió en la fragilidad de la enfermedad y la fortaleza del amor. El delicado estado de salud de Don Pedro, y la devoción inquebrantable de Teresa por cuidarlo, nos conmovieron profundamente. Un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, el amor y el sacrificio pueden florecer, ofreciendo consuelo y esperanza.


El otoño de noviembre trajo consigo una tormenta de revelaciones. La verdad sobre el pasado de Feliciano, y las heridas que aún arrastraba, salieron a la luz en una escena desgarradora. Un momento de vulnerabilidad extrema, que nos permitió comprender la complejidad de su carácter y la profundidad de su dolor, ganándose, para muchos, un lugar especial en nuestra consideración.

Y llegamos a diciembre, el mes que corona este año de emociones. El número uno, el gran momentazo del año, un instante que ha dejado a todos sin aliento, que ha resonado en cada rincón de La Promesa y en la imaginación de cada uno de nosotros. Nos referimos, por supuesto, a la devastadora verdad sobre el asesinato de Elisa y la implicación directa de Ventura. La revelación cayó como un mazazo, desmoronando las pocas certezas que nos quedaban. Ver a Ventura, un personaje que habíamos llegado a temer pero cuyas acciones parecían, en parte, justificadas por su pasado, revelarse como un asesino confeso, fue un giro impactante que reescribió la historia reciente de la familia. La escena, cargada de dramatismo, con la confrontación entre Ventura, Jana y los demás, nos dejó sin palabras, presenciando la caída de uno de los pilares de la intriga y la confirmación de que las apariencias, en La Promesa, son engañosas hasta el extremo.

Este 2025 ha sido un año de auténtica montaña rusa emocional en La Promesa. Hemos reído, hemos llorado, hemos gritado de frustración y hemos suspirado de alivio. Hemos sido testigos de la evolución de personajes que se han reinventado, de amores que han florecido contra viento y marea, y de traiciones que han dejado cicatrices imborrables.


Al despedirnos de este año, recordamos con cariño y expectación lo que vendrá. Los hilos argumentales que se han tejido, las preguntas sin respuesta que aún flotan en el aire, y las promesas que, a pesar de todo, se mantienen firmes en el corazón de nuestros personajes. La Promesa sigue siendo ese faro de drama y pasión que nos cautiva noche tras noche, y no podemos esperar a ver qué nos deparará el futuro. Gracias, promisers, por acompañarnos en este recorrido. El año ha sido épico, y la historia continúa.