El final de 2025 en “La Promesa” no es una despedida cualquiera, sino un preludio sísmico que sacudirá los cimientos de La Promesa y reescribirá el destino de sus habitantes.

Mientras el mundo exterior se prepara para dar la bienvenida al Año Nuevo, en el idílico pero turbulento palacio, se gesta una transformación que promete definir el curso de 2026 y más allá. La decisión que pende sobre Curro, y la voluntad de Alonso por hacerla efectiva, no es un mero trámite legal o familiar; es un cataclismo emocional y social que arrastrará consigo secretos enterrados, lealtades puestas a prueba y amores que se enfrentarán a su prueba definitiva.

El 31 de diciembre marca un hito en la narrativa de “La Promesa”. Televisión Española ha reservado para esta Noche Vieja un capítulo especial, un compendio de dos episodios en uno que no es un relleno, sino la clave maestra. Este episodio es el detonante, el momento en que las piezas se alinean de una forma irreversible, sentando las bases para las tormentas que se avecinan en el próximo año. Y la tormenta se llama Curro.

La idea de convertir a Curro, el joven aún marcado por las sombras de su pasado y la incertidumbre de su linaje, en hijo legítimo de Alonso, es una apuesta audaz que choca frontalmente con las rígidas estructuras sociales y las conveniencias familiares que han regido La Promesa durante generaciones. Esta decisión no solo busca otorgarle un estatus social y una herencia que hasta ahora le han sido negados, sino que también es un acto de amor paterno, una reivindicación pública de su afecto por un hijo a quien la vida ha tratado con saña.


Sin embargo, las ramificaciones de esta decisión son inmensas y complejas. Para Alonso, representa una lucha contra sus propios demonios, contra las expectativas de su linaje y, quizás, contra la influencia de aquellos que siempre han velado por mantener el orden establecido. Su determinación de legitimar a Curro habla de un cambio interno, de una evolución en su carácter, donde el orgullo familiar empieza a ceder ante el amor y el deseo de justicia para su heredero. Pero, ¿estará realmente preparado para las consecuencias, para el escrutinio social, para la posible enemistad de aquellos que se oponen a esta anomalía?

Para Curro, la perspectiva de convertirse en hijo legítimo es un rayo de esperanza en medio de una existencia marcada por la duda. Es la posibilidad de una identidad plena, de un futuro sin las ataduras del estigma. Pero también es una carga pesada. ¿Está preparado para el peso de la responsabilidad que conlleva ser un legítimo heredero? ¿Cómo afectará esto a sus relaciones, especialmente a su incipiente romance con Martina, cuya propia posición dentro de la familia noble es tan delicada como la suya?

La relación entre Curro y Martina es un microcosmos de las tensiones que esta decisión va a desatar. El amor que los une, puro y vibrante, se verá inevitablemente enredado en las redes de la política familiar y las ambiciones. Si Curro asciende socialmente, ¿cómo reaccionará la familia de Martina? ¿Verán esto como una oportunidad o como una amenaza para sus propios planes? Las miradas furtivas, los susurros cómplices, las promesas susurradas bajo la luz de la luna, todo ello se verá sometido a la prueba de fuego de esta nueva realidad. La legitimidad de Curro podría ser el catalizador que impulse su amor hacia nuevos horizontes o que lo ahogue bajo la presión de un mundo que no siempre perdona.


Pero la decisión de Alonso no solo impacta a sus hijos. La figura de Doña Eugenia, la matriarca implacable y guardiana de las tradiciones, se perfila como un obstáculo formidable. Su desaprobación, su posible rechazo, podría generar un cisma dentro de la familia que tenga repercusiones devastadoras. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar para mantener la pureza de su linaje y el poder de su influencia? Su resistencia no será silenciosa; se manifestará en maniobras sutiles, en palabras afiladas como puñales, en la manipulación de las emociones y las lealtades.

Y no podemos olvidar a los otros habitantes de La Promesa, cuyas vidas se verán inevitablemente afectadas por este terremoto familiar. Las sirvientas, los lacayos, todos aquellos que observan desde la sombra, serán testigos y, en muchos casos, peones en el tablero de ajedrez que se desata. ¿Qué bandos tomarán? ¿Quién se beneficiará de este cambio y quién lo verá como una amenaza a su propia posición? La lealtad de Jana, siempre protectora de Curro, se pondrá a prueba de una forma que jamás imaginó. Las intrigas que se han tejido en los rincones más oscuros del palacio podrían salir a la luz, complicando aún más un escenario ya de por sí explosivo.

El hecho de que este capítulo especial se emita en Noche Vieja no es una casualidad. Es un reflejo de la necesidad de “La Promesa” de cerrar un ciclo y abrir otro con un evento de gran magnitud. La noche en que las familias se reúnen, en que se hacen propósitos para el futuro, es el momento perfecto para presentar una decisión que redefine el concepto de familia y de herencia. Mañana, 1 de enero, no habrá nuevo episodio, un respiro necesario antes de la inminente avalancha de consecuencias.


Lo que veremos esta tarde, lo que se desarrolla en estas horas cruciales, es la piedra angular de 2026. No es una entrega más; es la que marca el rumbo, la que coloca las piezas del complejo puzzle de “La Promesa” en una configuración completamente nueva. La legitimación de Curro no es solo un giro argumental; es una declaración de intenciones, un desafío a las normas establecidas y una promesa de dramas intensos, pasiones desatadas y conflictos que sacudirán los corazones de los espectadores.

El futuro de Curro, y por ende, el futuro de La Promesa, pende de un hilo, un hilo que se teje con el amor de un padre, la esperanza de un joven y la resistencia de un mundo que se aferra a sus tradiciones. Prepárense, porque el Año Nuevo trae consigo una revolución en La Promesa, una revolución que tiene el nombre de Curro. La decisión está tomada, las aguas comienzan a agitarse, y solo el tiempo dirá si este acto de amor y justicia construirá un futuro sólido o desatará una catástrofe de proporciones épicas.