La opulencia de la mansión ahora se ha ahogado en un luto paralizante, pues una semana después del brutal atentado contra Oran, el silencio se ha apoderado de sus opulentos pasillos. La esperanza de un milagro se desvanece ante la cruda realidad: Oran, el pilar y alma de esta adinerada familia, ha sido dado por muerto. Las pruebas forenses, irrefutables, y el veredicto médico han sellado su destino, sumiendo a todos en una profunda y desoladora resignación.
La noticia del presunto fallecimiento de Oran ha desmantelado la fachada de normalidad que hasta hace poco reinaba en la