LA PROMESA – Antes de morir, Lorenzo revela un secreto impactante que llevará a Leocadia a la cárcel
En los próximos y electrizantes capítulos de “La Promesa”, la serie prepara un giro tan inesperado como demoledor. Un enfrentamiento largamente temido estallará entre Curro y Lorenzo, un duelo donde la verdad, la culpa y el dolor acumulado durante años se convertirán en armas tan letales como cualquier revólver. Lo que parecía ser el final anunciado del temible capitán, sin embargo, tomará un rumbo aún más oscuro cuando, al borde de la muerte, Lorenzo revele un secreto que promete cambiarlo absolutamente todo… y que podría llevar a Leocadia directamente a la cárcel.
Una trama cargada de tensión, emociones extremas y un misterio que reescribe por completo la historia de varios personajes clave.
La noche en que todo cambia
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Todo comienza en una madrugada sofocante, cuando el silencio del palacio parece tan espeso que incluso la respiración podría quebrarlo. Curro avanza con paso firme por el corredor oculto detrás de la chimenea, iluminado apenas por una lámpara. Sabe exactamente a dónde va y, sobre todo, sabe lo que está a punto de hacer.
Durante años, ha cargado con un dolor que lo ha ido consumiendo: la pérdida de Hann, la destrucción emocional de Eugenia, el sufrimiento de Ángela, y la interminable manipulación a la que fue sometido por Lorenzo, ese hombre que se hacía llamar su padre. Cada herida, cada traición, lo ha llevado hasta este momento. La puerta que lo separa de Lorenzo es la última barrera entre la víctima que ha sido y el hombre que está a punto de convertirse.
Cuando abre, el ruido seco anuncia el principio del fin.

Lorenzo está allí, atado, sucio, cansado… pero todavía arrogante. Esa arrogancia que siempre utilizó para dominar a quienes lo rodeaban. Pero esta vez, frente a Curro, esa máscara empieza a resquebrajarse.
Curro se enfrenta a su demonio
El joven deja la lámpara sobre la mesa y se acerca sin titubear. Sus ojos arden con una mezcla de dolor y furia. El capitán intenta conservar el control recurriendo a lo único que siempre le funcionó: la manipulación emocional.

Le recuerda a Curro los días felices, los paseos a caballo, los juegos en la infancia, los momentos que compartieron cuando él creía que Lorenzo realmente lo amaba. Intenta reconstruir ese vínculo que ya no existe. “Te traté como a un hijo”, dice con voz suave, casi paternal.
Pero Curro ya no es el niño que buscaba afecto. Ahora es un hombre que exige justicia.
La furia contenida explota cuando menciona a Hann y a Eugenia. Con voz firme, le reprocha cada una de sus atrocidades: cómo destrozó a quienes lo amaban, cómo intentó usar a Ángela como un objeto más de su poder, cómo destruyó vidas para satisfacer su ambición. Lorenzo intenta hablar, pero Curro no quiere escuchar mentiras.
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El joven saca un arma. El metal brilla bajo la luz tenue. Y por primera vez, Lorenzo siente miedo. Miedo real.
El primer golpe… literal y emocional
El capitán desafía a Curro llamándolo débil, asegurando que nunca será capaz de hacerle daño. Un último intento de dominarlo psicológicamente. Pero esta vez, sus palabras no hieren… provocan.

Curro, con una frialdad nueva, levanta el arma y le propina un culatazo brutal en el rostro. El golpe resuena en la habitación como un trueno. Lorenzo cae, sangra, tiembla. Y entiende que Curro ha cruzado un límite del que no hay regreso.
Aun así, se niega a hablar. Curro le da un ultimátum: tres días para confesar.
Y se marcha, apagando la lámpara, dejando al capitán en una oscuridad aterradora.

Curro: entre la culpa y la sed de justicia
Los días siguientes son un tormento. Curro intenta mantener la rutina, pero su mente sigue atrapada en ese cuarto oscuro. Cada bandeja que recoge, cada escalera que sube, lo devuelve mentalmente al golpe, a la sangre, a la súplica de agua de Lorenzo…
Y a la culpa.
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María Fernández lo observa angustiada, reconociendo en él el mismo dolor que vio alguna vez en Hann. Pero Curro calla. No puede arrastrar a nadie más en esta cadena de secretos.
Cuando cae nuevamente la noche, Curro decide regresar antes del plazo. Lleva agua. Tal vez por humanidad, tal vez por necesidad de confrontar sus propios límites.
El disparo que lo cambia todo

Lorenzo, debilitado, lo recibe con una sonrisa amarga que irrita aún más a Curro. Lo provoca, lo humilla, lo llama débil. Pero lo que realmente rompe la barrera emocional del joven es una frase:
“Por eso Hann confiaba más en mí que en ti.”
Ese golpe emocional es devastador.
Curro pierde el control.

Y dispara.
El balazo retumba en las paredes de piedra. Lorenzo cae sujetándose el hombro, sangrando, pero vivo. Curro retrocede horrorizado por lo que acaba de hacer.
Y entonces ocurre lo impensado.
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La revelación que sacude La Promesa
Entre el dolor y la risa cruel, Lorenzo levanta el rostro y escupe la verdad más devastadora que Curro podría escuchar:
“Hann no murió como tú crees… Yo sé dónde está ella.”

Curro queda petrificado. La pistola cae. La lámpara tiembla en sus manos. La respiración se le corta.
¿Hann viva?
¿Todo este tiempo?
¿Lorenzo sabía la verdad?
¿Quién está protegiendo a quién?
Antes de desmayarse, Lorenzo lanza la última frase que cambia el destino de todos:

“Sé todo… y Leocadia también.”
La implicación es clara: Leocadia está involucrada en un secreto tan grande que podría llevarla directamente a la cárcel.
¿Final para Lorenzo… o principio de un caos mayor?
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Mientras Lorenzo se desploma inconsciente, Curro queda paralizado, atrapado entre la esperanza imposible de recuperar a Hann y el horror de lo que esta nueva verdad significa para todos en el palacio.
Si Lorenzo muere, la verdad puede desaparecer con él.
Si vive, su confesión podría destruir a Leocadia y desenterrar crímenes enterrados bajo años de mentiras.
Y entre esas dos posibilidades, Curro queda atrapado, sin saber si ha salvado una vida… o condenado muchas otras.