MARGARITA ARRASA: NO LE TIENE MIEDO A NADIE || CRÓNICAS de LaPromesa series

La tranquilidad en el Palacio de La Promesa, ese oasis de aparente calma y rígidas costumbres, ha sido pulverizada por un terremoto humano, una fuerza de la naturaleza que responde al nombre de Margarita Yopis. En un giro argumental que ha dejado sin aliento a la audiencia, la figura de Margarita, hasta ahora moviéndose en las sombras de las intrigas palaciegas, ha emergido con una furia controlada pero devastadora, demostrando que su presencia en el drama de época es mucho más que una simple aparición. Ha llegado para liderar una batalla, una en la que no teme a nadie y donde las verdades duelen, pero son necesarias.

El epicentro de esta explosión emocional ha sido un enfrentamiento directo y sin precedentes con uno de los pilares más inflexibles del Palacio: Lorenzo. Lo que comenzó como una sutileza, una velada crítica al trato dispensado a Curro, evolucionó hacia una confrontación de voluntades, un duelo de miradas y palabras que resonará en los pasillos de La Promesa durante semanas. Margarita, con una valentía que desafía las jerarquías establecidas y las expectativas sociales, ha desenmascarado la hipocresía y la crueldad disfrazada de autoridad.

La escena clave que ha catapultado a Margarita al centro de la tormenta se desencadenó cuando Lorenzo, en un acto de condescendencia y prepotencia, intentó humillar a Curro, el sobrino de la Duquesa, a quien muchos tildan de “bastardo” por sus orígenes. La justificación de Lorenzo, envuelta en un manto de superioridad, se topó de frente con la determinación inquebrantable de Margarita. La pregunta lanzada al aire, “¿De verdad quieres saberlo?”, fue el preludio de una confesión brutal y liberadora.


Margarita, con una claridad meridiana, expuso sus razones para defender a Curro. No se trata de una alianza efímera ni de un capricho pasajero. Su lealtad se cimenta en principios sólidos y en una visión de la vida que choca frontalmente con la visión cínica y pragmática de Lorenzo. “Lo primero porque siempre me callo en gracia”, declaró Margarita, revelando una astucia que va más allá de la simple elegancia. No es que ella sea una observadora pasiva; es que elige sus momentos y sus batallas con una precisión quirúrgica. Su “estar en gracia” no es sumisión, sino una estrategia para maximizar el impacto de sus intervenciones.

Pero la argumentación de Margarita no se detuvo ahí. Profundizó en la esencia de su apoyo a Curro, tocando una fibra sensible: el amor. “Y lo segundo porque creo en el amor de verdad”, afirmó, una declaración que resonó con fuerza en un entorno donde las alianzas se sellan por conveniencia y las pasiones se ocultan bajo capas de formalidad. En La Promesa, el amor, en su forma más pura y desinteresada, parece ser un bien escaso y a menudo despreciado. Margarita, al erigirse como defensora de este sentimiento, se posiciona como un faro de esperanza en medio de la oscuridad y la manipulación.

La tercera razón, quizás la más conmovedora, revela una dimensión aún más profunda del carácter de Margarita: su afecto por su hija Martina. “Y hay una tercera razón y es que mi hija Martina es mucho más feliz cuando Curro está cerca”, confesó, desarmando cualquier atisbo de egoísmo. Su amor maternal, su instinto protector, se entrelaza con su sentido de la justicia. Ver a su hija sonreír, verla florecer en compañía de Curro, es para Margarita un motor fundamental. Su bienestar se ha convertido en un barómetro de sus acciones, una razón irrefutable para enfrentarse a quien sea que amenace esa felicidad.


La petición de Margarita, lejos de ser una súplica, fue una orden disfrazada de cortesía. “Si he pedido que te sirviera otro lacayo es simplemente porque no me apetece que le hagas pasar un mal rato a mi sobrino curvo”, sentenció, utilizando un lenguaje que subrayaba la diferencia de estatus y, a la vez, su desprecio por la actitud de Lorenzo. La referencia a Curro como “curvo”, en este contexto, adquiere un doble significado: por un lado, la supuesta imperfección física que Lorenzo se empeña en resaltar; por otro, la “curva” de la vida que Margarita está dispuesta a enderezar para defender a su familia y a quienes considera dignos de su protección.

La reacción de Lorenzo, aunque no se detalla explícitamente en el extracto, es previsiblemente de incredulidad y furia contenida. Su pregunta, “¿Desde cuándo sientes tanto afecto por ese bastardo?”, revela su profunda ignorancia sobre las motivaciones humanas genuinas. Para él, las relaciones se basan en intereses y poder, no en lazos afectivos o principios morales.

Pero Margarita, con una sonrisa que desvela una fuerza interior inmensa, corta de raíz la ignorancia de Lorenzo. “Pues desde siempre”, respondió, desmantelando la idea de que su apoyo sea una novedad o una debilidad. Y luego, con una contundencia que deja sin palabras, sentencia: “De todas formas, no es tanto el cariño que le tengo a él como el asco que me das tú”.


Esta declaración final es el clímax del enfrentamiento. No se trata solo de defender a Curro, sino de un ataque frontal a la esencia misma de Lorenzo. Margarita no se limita a señalar un error, sino que expone el profundo desagrado que siente por su carácter, por su forma de ser, por la crueldad que emana de él. Es una declaración de principios, un rechazo absoluto a la toxicidad que Lorenzo representa en el microcosmos de La Promesa.

La reacción del narrador o de quien transcribe estas palabras es reveladora: “Brava Margarita Yopis. Es lo único que te puedo decir, la verdad”. Este exclamación final, cargada de admiración y respeto, resume el impacto de la intervención de Margarita. Ha logrado lo que muchos deseaban pero pocos se atrevían a hacer: plantar cara a la opresión, defender al débil y decir las verdades incómodas sin temor a las consecuencias.

Margarita Yopis ha dejado de ser una espectadora para convertirse en protagonista de su propio drama, y del de quienes la rodean. Su valentía, su inteligencia y su profunda humanidad la han erigido como un personaje clave en La Promesa. Ya no es solo la Duquesa en la sombra; es una fuerza a tener en cuenta, una guerrera dispuesta a luchar por la justicia, por el amor y por la felicidad de su hija, sin importarle a quién deba desafiar. Su nombre resuena ahora con una nueva resonancia, la de una mujer que se alza contra la adversidad, demostrando que el coraje y la verdad son las armas más poderosas del arsenal palaciego. La Promesa ha encontrado a su nueva heroína, y su reinado de valentía acaba de comenzar.