Bienvenidos, distinguidos marqueses y marquesas de La Promesa. Si creían que la escena de Curro apuntando su arma contra su propio padre representaba el cénit de la tensión que podía albergar este venerable palacio, prepárense para un cataclismo de proporciones épicas.
El joven marqués Manuel, hasta ahora envuelto en su melancolía y un amor imposible, está a punto de desatar una tormenta contra Leocadia, una tormenta que promete borrarla del mapa de La Promesa para siempre. El temido marqués Alonso, siempre presintiendo las sombras que acechan en su hogar, ve cómo sus peores augurios se materializan con una crueldad escalofriante. Lo que su primogénito tiene entre ceja y ceja no es una simple riña o una discusión acalorada; es una ejecución meticulosa, una aniquilación social, moral y absoluta de la mujer que, desde el instante en que sus pies cruzaron el umbral de esta mansión, ha sembrado la discordia y el veneno en el corazón de La Promesa.
Este capítulo, que se cierne sobre nosotros como una profecía inevitable, está destinado a reescribir para siempre el delicado equilibrio de poder que ha regido en el opulento pero atormentado palacio de los Luján. Antes de adentrarnos en las procelosas aguas de lo que está por desatarse, es imperativo comprender la compleja red de eventos, las maquinaciones silenciosas y las emociones a flor de piel que nos han conducido a este punto crítico. Porque la determinación férrea de Manuel, la furia contenida que ahora emana de él, no brota de la nada; es la culminación amarga de meses de humillaciones, de traiciones veladas y de una injusticia flagrante que ha corroído su alma.
Recordemos el periplo de Leocadia. Llegó a La Promesa como una figura enigmática, envuelta en un aura de misterio y con intenciones que, desde el principio, levantaron sospechas. Su conexión con el pasado oscuro de los Luján, las sutiles manipulaciones para ganarse la confianza de la servidumbre y, sobre todo, su insidiosa influencia sobre Doña Jimena, la han convertido en un verdadero cáncer para la armonía familiar. Leocadia no es solo una invitada indeseada; es una infiltrada, una oportunista que ha sabido explotar las debilidades de quienes la rodean para ascender en la escala social y, presumiblemente, para satisfacer oscuros intereses personales. Su presencia ha sido sinónimo de intrigas, de miradas furtivas y de un constante aire de amenaza latente.
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Ahora, Manuel, el mismo joven que luchaba entre el deber y el deseo, el mismo que creía haber encontrado un resquicio de paz en el amor prohibido, ha decidido que basta. Las pruebas de la vileza de Leocadia se han ido acumulando, cada una más devastadora que la anterior. La forma en que ha orquestado situaciones para hacer parecer a Jana como la villana, su papel en las intrigas que han separado a parejas y destrozado reputaciones, y, sobre todo, su descarada ambición por desestabilizar la posición de los Luján, han encendido la chispa de una ira justificada en Manuel. Él, que siempre ha sido un hombre de principios, aunque a veces abrumado por las circunstancias, no puede seguir tolerando la presencia de esta lacra en su hogar.
El miedo de Alonso no es infundado. Él, que ha vivido lo suficiente para reconocer los patrones de la ambición desmedida y la maldad disfrazada de inocencia, percibe el peligro que representa Leocadia y la magnitud de la venganza que su hijo está incubando. Alonso teme no solo por el impacto social y la vergüenza que una confrontación abierta podría acarrear para la familia, sino también por la propia alma de Manuel. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar su hijo? ¿Podrá contener la furia sin caer él mismo en la oscuridad? La figura de Alonso, como patriarca, se encuentra atrapada entre el instinto protector hacia su familia y el temor a las consecuencias de una justicia ejecutada por mano propia.
La estrategia de Manuel es tan audaz como peligrosa. No se trata de un simple enfrentamiento físico, sino de un desmantelamiento sistemático de la reputación y la influencia de Leocadia. Se espera que Manuel presente pruebas irrefutables de sus artimañas, que exponga sus mentiras y que confronte sus verdaderas intenciones ante los ojos de todos los presentes en el palacio, incluyendo a aquellos que, hasta ahora, han sido ingenuamente engañados por su fachada. Es probable que Manuel haya estado recabando información, testimonios y pruebas tangibles que, al ser desveladas, la dejarán sin coartada, sin excusas y, sobre todo, sin el favor de nadie.

Las implicaciones de este golpe son inmensas. La caída de Leocadia no solo significaría la purga de una influencia negativa, sino que también podría desencadenar una serie de revelaciones sobre su pasado y sus conexiones. ¿Quién la ha enviado? ¿Cuáles son sus verdaderos objetivos? La verdad, que hasta ahora ha estado oculta bajo capas de engaño, podría salir a la luz, sacudiendo los cimientos mismos de La Promesa.
Además, la figura de Doña Jimena, atrapada en la telaraña de Leocadia, se verá irremediablemente afectada. ¿Podrá Jimena liberarse de la influencia de su “amiga” y amiga y comenzar a ver la realidad? ¿O será arrastrada en la caída de Leocadia, enfrentando las consecuencias de su credulidad? La dinámica entre ambas mujeres, tan compleja y cargada de resentimiento, está a punto de estallar de manera definitiva.
Y Jana, la eterna mártir, la depositaria de tantas verdades ocultas, ¿qué papel jugará en este desenlace? ¿Será su silencio cómplice el que motive la acción de Manuel, o será ella misma quien aporte la pieza final que complete el rompecabezas? La conexión entre Manuel y Jana, a pesar de las barreras sociales y los amores impuestos, siempre ha sido un hilo conductor en la narrativa, y es probable que esta confrontación final también tenga un eco en su turbulenta relación.

La tensión es palpable. El aire en el palacio de los Luján se ha vuelto denso, cargado de la expectativa de un enfrentamiento inevitable. Las sirvientas susurran en los pasillos, temiendo lo peor y anticipando el drama. Los señores Luján, cada uno con sus propios secretos y miedos, observan desde la distancia, conscientes de que este es un momento crucial que definirá el futuro de su linaje.
El golpe final de Manuel contra Leocadia no es solo una cuestión de venganza personal; es una batalla por la pureza y la verdad en un mundo de apariencias y mentiras. Es la demostración de que, a veces, la única forma de purificar un lugar mancillado es a través de una acción drástica y decidida. El miedo de Alonso se confirma, sí, pero quizás, en el fondo, él también comprende que esta purga es necesaria. Prepárense, porque La Promesa está a punto de presenciar una transformación radical, y nadie saldrá indemne de esta tempestad. El reinado de Leocadia, construido sobre los cimientos de la falsedad, está a punto de colapsar, y la furia justificada de Manuel será el martillo que lo derrumbe. El destino de La Promesa se decide hoy.