CAZA EN EL BOSQUE: LEOCADIA Y LORENZO CRUZAN LA LÍNEA || CRÓNICAS de LaPromesa series
Un Vínculo Tóxico, Una Cabaña Aislada y el Peligro que Acecha a Jana en el Corazón de la Sierra.
La tarde del sábado en el Palacio de La Promesa se tiñó de una tensión palpable, una atmósfera cargada de presentimientos y recriminaciones que prenunciaban la inminente tormenta. Si bien las redes sociales y los foros de aficionados bullician con teorías y especulaciones sobre los futuros giros de la narrativa, hay un hilo conductor que ha logrado atrapar la atención del público de una manera escalofriante: la perturbadora relación entre Lorenzo y Leocadia, y la aterradora situación que ahora confina a Jana en una cabaña aislada.
El diálogo fragmentado que hemos podido desgranar de las últimas escenas revela una guerra de voluntades despiadada, un campo de batalla verbal donde los demonios del pasado y los miedos más profundos de los personajes salen a la luz. Las palabras de Lorenzo, hirientes y cargadas de rencor, no dejan lugar a dudas sobre su retorcida lógica. “Ahora yo entiendo que está nerviosa, pero se la llevó precisamente por eso, para protegerla”. Una frase que, en su superficialidad protectora, esconde una posesión enfermiza, una justificación para el control absoluto. La obsesión de Lorenzo por Jana, alimentada por el fantasma de la pérdida de “Loremus” y la sombra de la trágica muerte de su madre, se manifiesta como un ansia incontrolable por poseer y, a su manera distorsionada, “salvar” a la joven.

La furia de Lorenzo se desata al escuchar cualquier atisbo de defensa hacia “ese bastardo”. La referencia, aunque ambigua, apunta directamente a la figura de Manuel, el único hombre que ha logrado despertar emociones genuinas en Jana, y cuya cercanía Lorenzo percibe como una amenaza existencial. La mención de la madre de Loremus, una figura que “acabó con sus días lanzándose desde un torreón”, no es casual. Es un eco sombrío del destino trágico que Lorenzo parece temer y, paradójicamente, recrear en su propia vida, arrastrando a quienes lo rodean hacia el abismo.
La frase “Me gusta un pelo que esté encerrada con él en esa cabaña. Y a mí sí” resume la dualidad de la situación. Para Lorenzo, la idea de Jana confinada con él en la soledad del bosque es un anhelo retorcido, una perversa fantasía de intimidad forzada. Para el interlocutor (probablemente un familiar o alguien cercano a la familia), la realidad es un horror insoportable. La pregunta retórica “¿Crees que me gusta que mi prometida esté compartiendo techo con un energúmeno que además la secuestró?” resuena con la indignación y el terror que cualquier espectador sentiría ante tal circunstancia. El calificativo de “energúmeno” subraya la brutalidad y la falta de control de Lorenzo, mientras que la palabra clave, “secuestro”, revela la verdadera naturaleza de su actuar.
Pero es la amenaza final de Lorenzo la que eriza la piel: “Que dispare a todo el que se le acerca. sabes perfectamente que no disparaba a dar. Pues eso es lo que voy a hacer yo si voy a esa cabaña. Disparar a dar.” Aquí, la discusión sobre la inocencia o culpabilidad de Jana al empuñar un arma se desvanece ante la brutalidad de la declaración. La ambigüedad de si Jana disparaba “a dar” o no, se convierte en irrelevante ante la firme resolución de Lorenzo de actuar con una violencia letal. La promesa de “disparar a dar” no es una advertencia, es una declaración de guerra, una confirmación de que la caza ha comenzado y que nadie se interpondrá en su camino.

La cabaña en el bosque, un escenario clásico del suspense y el terror, se convierte en el epicentro de este drama. Lejos de los lujos y las intrigas palaciegas, Jana se encuentra ahora a merced de un hombre cuya mente está fracturada por el dolor y la posesión. La imagen de Jana, sola y asustada, debatiéndose en un entorno hostil, lejos de la protección de su familia y amigos, es una de las más desgarradoras de la temporada. Cada crujido de las ramas, cada sombra que se proyecta en la oscuridad, se convierte en un potencial peligro.
La figura de Leocadia, en medio de este torbellino, se presenta como un enigma. ¿Es cómplice involuntaria, una víctima más de la manipulación de Lorenzo, o quizás alberga sus propios secretos oscuros? Su aparente complicidad en llevar a Jana a la cabaña, justificada por una supuesta protección, añade una capa de complejidad a la narrativa. ¿Hasta dónde llegará su lealtad (o su miedo) hacia Lorenzo? Su presencia en la cabaña, junto a Jana y Lorenzo, crea un triángulo de tensiones asfixiantes donde las lealtades se pondrán a prueba y las verdades más crueles saldrán a la luz.
Las crónicas de LaPromesa nos han acostumbrado a giros argumentales audaces y a profundas exploraciones de la psique humana. Pero la situación actual de Jana, atrapada en esta “caza en el bosque” orquestada por la obsesión de Lorenzo y la ambigua complicidad de Leocadia, eleva el listón del drama a niveles insospechados. La pregunta que resuena en cada rincón del Palacio de La Promesa, y en los corazones de sus espectadores, es: ¿podrá Jana escapar de las garras de Lorenzo? ¿Quién acudirá en su rescate, y con qué consecuencias?

El tiempo apremia. El bosque guarda sus secretos, y el peligro se cierne sobre Jana como una sombra imponente. Lo único seguro es que este fin de semana será crucial para desentrañar los hilos de esta trama, y que las decisiones tomadas en esa cabaña aislada resonarán para siempre en la historia de La Promesa. La espera para conocer el desenlace se hace eterna, y la intriga, más viva que nunca.
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